Feng Shui
“Camino del cielo y de la tierra”
El término FENG SHUI es relativamente reciente, pero su practica es antiquísima, se la denominaba Kan Yu; Kan significa “camino del cielo” y Yu “camino de la tierra”. Su estudio y su práctica busca la armonía en el entorno, con la naturaleza, con los seres y con nosotros mismos, equilibrando el Chi o Energía Vital.
Mucho antes de la teoría de la relatividad los chinos ya hablaban de Chi o Energía. Creían que era un gas o vapor invisible que perneaba y rodeaba al mundo, moviéndose rápido o lento, fuerte o débil, dependiendo de la situación. A través de los opuestos polares yin y yang existentes en todo, se crea el flujo o movimiento constante de Chi, la “vida que de fuerza al universo”.
La Tierra es la madre, portadora y generadora de energía femenina, yin, receptiva, estable, protectora, y el Cielo es el padre, portador y generador de energía masculina, yang, siempre cambiante, en movimiento. De esta Sagrada Unión se crea el caldo de energía, un entramado de finísimos hilos cósmicos que lo atraviesan todo.
El FENG SHUI trabaja para la comprensión de estas energías, buscando detener las perjudiciales y hacer fluir y favorecer las benéficas, las que ayudan a la salud, la prosperidad, la abundancia, el crecimiento, etc.
Así como el cuerpo es una especie de hogar temporal, los lugares en dónde permanecemos mucho tiempo se pueden considerar como otro hogar o la extensión de los cuerpos de los que los habitan. El estudio del encuentro de energías en estos sitios nos habla de cómo son sus espacios, para qué pueden favorecernos o en qué nos pueden dañar. El Chi es observado en las múltiples formas terrestres tanto naturales como artificiales, los ciclos de tiempo y la influencia que marca la dirección. La armonización de estas energías hará mucho más favorable la salud, la prosperidad y el bienestar para quienes la habitan.
Malén Broglia
Arquitecta
Auditora en FENG SHUI
Instructora de YOGA